Libertad y libertinaje
Seguramente a muchos padres que visionan ávidos películas pornográficas no le gustaría que se las vendiesen a sus hijos pequeños, ni que les sirviesen los whiskeis que se toman en los bares. Y cuando eso ocurre, la culpa se la echan al desaprensivo que le vendió a menores productos que no deben consumir, al gobierno que no vigila o a la sociedad, que siempre tiene algo de culpa. Pero nunca se le echa la culpa al propio vicio, ya que las cosas, por muy malas que sean, siempre pueden tener un buen uso.
Pero parecía que los videojuegos nunca son el caso. Si un juego es violento, sexualmente explícito o polémico en cualquier aspecto, la opinión parece ser que hay que prohibirlo. Por eso es interesante la propuesta de Amnistía internacional de regular, y hablan sólo de regular, la venta a menores. Claro que en realidad son los mismos paranoicos de siempre en su cruzada contra los videojuegos, pero en este caso la petición es razonable. Aunque la duda que queda es siempre por que nadie habla de poner trabas a la compra de películas violentas o libros subidos de tono. Quizá por la mayor interactividad e implicación en los videojuegos. Quizá por el desconocimiento del medio, que lleva al rechazo y al miedo. O quizá por que los niños a día de hoy no leen más que los folletos del Carrefour y la gente está tan saturada de la violencia televisiva que les parece algo natural.
El caso es que yo aplaudiría estas medidas. Si un juego es claramente inedecuado para menores de 18 años, vale que se lo vendan a un quinceañero (joer, a veces hay que hacer la vista gorda), pero no a una niña de diez años. Lo malo es que hecha la vista gorda con uno se va a hacer con todos, por que en los comercios lo que quieren es vender. Así que deberían empezar a tomarse medidas a este respecto. Eso sí, si se aplican a los videojuegos, también a otros sectores. Y con sentido común, no hace falta tener 18 años para poder jugar un juego violento.
